Debido a su situación en la confluencia de las regiones valenciana, andaluza y manchega, nuestra villa se ve salpicada de los rasgos más característicos de estos pueblos.

La influencia se hace notar en todas las manifestaciones socioculturales: la gastronomía, la arquitectura, los cultivos y nuestro folclore; resaltando de una manera especial nuestro traje folclórico. Así el traje de la mujer abanillera está formado por una pañoleta de lana negra, acoplada al ribete del corpiño dejando un amplio escote, bordada con hilo de seda, motivos florales y fleco de raso del mismo color que el delantal y corpiño. Estos suelen ser de colores salmón, lila, azul o rojo, bordados en lentejuelas sobre tela se raso, y ribeteados con puntillas de bolillo.

El refajo (de origen manchego debido a sus migraciones periódicas para la siega) es de lana gruesa sobre fondo rojo o azul, muy fruncido a la cintura denotando la sobriedad manchega. Esto se ve realzado por la riqueza de los entramados bordados con múltiples colores de hilos de seda, motivos florales muestra de la alegría de la huerta.

Es de destacar que las guirnaldas están formadas por flores de almendros, siendo la más típica formación floral del cultivo de Abanilla.

Debajo llevan unas enaguas blancas de amplio vuelo con tira bordada y unos cucos ribeteados con puntillas, consiguiendo una continuidad con las medias que son de hilo, hechas de ganchillo, siendo propio la gran cantidad de puntos.

El zapato es blanco, forrado en seda y bordado o negro según las circunstancias y épocas del año.

El pelo es recogido un un moño de picaporte de siete majas adornado con tre claveles. De sus orejas cuelgan los pendientes típicos de esta zona.

El traje del hombre está compuesto por una chaqueta de pana lisa, pequeña solapa y cuello de tirilla, adornada con botones de plata. Debajo lleva un chaleco de seda con motivos florales variando los colores rojo, azul y verde, forrada en raso, cerrado con botones de plata. La camisa de hilo con tira bordada en la pechera, botones de nácar y cuello de tirilla, suele ser ampulosa.

El pantalón de pana negra lisa, hasta media rodilla (es de notar la influencia francesa en se hechura) que llega hasta medio cuerpo con abotonadura cruzada en peto. La caña del pantalón está cerrada con tres botones de plata continuándose con las medias del mismo estilo que el de la mujer pero de tema más sobrio. Suele llevar zapato negro cerrado. Un toque peculiar lo da el sombrero de tipo calonés negro.

Podemos llegar a la conclusión que este traje es una muestra de lo sobrio del espíritu castellano mezclado con la vivacidad y alegría de la huerta y el talante y picardía andaluza.

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